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DOMINGO SUPER BOL
El Señor escribe en el libro donde constan los nombres de los pueblos. Salmo 87:6.
Era el gran día, el domingo del Super Bol (la final del fútbol norteamericano) del 26 de enero de 2003. Los Tampa Bay Buccaneers y los Oakland Raiders jugaban en San Diego, California. Mi esposo estaba entusiasmado y quería que yo compartiera su entusiasmo por el juego.
Tendrás que entender la diferencia en nuestros orígenes. La madre de Bill falleció cuando él tenía tres años, y su padre cuando tenía cinco. Como su padre había sido ingeniero del ferrocarril, él y sus dos hermanos mayores fueron enviados a un internado para menores en Tiffin, Ohio, en 1920. Allí, él y otros 1.000 niños estaban bien alimentados, vestidos y educados. También estaban totalmente inmersos en los deportes, incluyendo el béisbol y el fútbol. Con orgullo me mostró el estadio donde jugaban cuando visitamos el lugar después de casados.
La única persona que conocemos que estuvo en el internado en el mismo tiempo en que Bill vivió allí, y que luego se unió a nuestra iglesia, fue Robert Francois. Aprendió linotipo mientras estuvo en la institución y después usó esa capacitación para trabajar por su cuenta mientras estudiaba la carrera de Teología. Finalmente llegó a ser profesor de religión. Antes de su muerte, él y Bill disfrutaban recordando el programa de deportes en Tiffin.
Con respecto a mi origen, mi familia era muy pobre. Por ser la mayor de siete hijos, temprano en la vida aprendí a disfrutar más del trabajo que de los juegos, ¡y todavía es así! Es por eso que no me puedo entusiasmar con la afición de Billa, aunque me ha rogado que mire al menos el primer tiempo con él mientras me explica con paciencia las diferentes jugadas e interpreta las señales del árbitro.
Entonces decidí que, en vez de pensar que era una pérdida de tiempo, podría orar por cada jugador. Bill me señaló a uno de los miembros del equipo que era religioso y podía vérselo haciendo la señal de la cruz mientras estaba en el campo de juego. Me aseguró que el equipo de ellos ganaría el partido.
Se calcula que 8 millones de personas en todo el mundo, incluyendo los soldados que se alistaban para la guerra de Irak, miraron ese partido. No estoy segura de qué es lo que el Señor piensa acerca del fútbol, pero lo que sí sé es que ama a todos esos jugadores allí en la cancha, y confío en que él responderá mis oraciones a favor de ellos.
¡De paso, los Bucs ganaron, 48 a 21!
RUBYE SUE
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