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EL GOLPE ACCIDENTAL
Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Isaías 26:3.
Estaba detenida en un semáforo a cierta distancia de la iglesia un sábado de noche, hace varios años, cuando de repente sentí un espantoso ruido seco en la parte trasera demi coche. Miré hacia atrás y vi a un patrullero. ¿Qué ocurrió?, me pregunté. Sé que no hice nada malo.
Todavía sentada en mi coche, esperé para ver qué hacía el policía; podía verlo con su teléfono. Finalmente se acercó hasta mi ventanilla.
Lo lamento, señora, comentó. Estaba observando un acontecimiento inusual del otro lado de la calle y no advertí que el semáforo se había puesto en rojo. Lo lamento, se disculpó nuevamente. Tuve que llamar a mi jefe para informar este accidente. Por eso me tardé tanto tiempo en llegar hasta usted. ¿Me permite ver su licencia y el seguro, por favor?
Cuando le entregué los documentos, me pidió que me parara a la derecha de la calzada. Sabía que llegaría tarde para el programa vespertino. Pero en lo que me pareció un corto instante, tres patrulleros rodearon mi coche, ¡el jefe y otros dos oficiales!
La patrulla había experimentado una avería seria en el extremo frontal. Sin embargo, mi Toyota estaba lleno de polvo pero ni siquiera tenía un rayón.
Miren, ésta es la clase de coche que ustedes deberían estar utilizando.
Con una sonrisa, el jefe me dio su tarjeta y me pidió que lo llamara si llegaba a necesitar su ayuda en el futuro. Estoy segura que pensó que podría tener alguna reacción tardía por el accidente. Afortunadamente, nunca experimente ningún efecto dañino por el choque.
A mi nuera, que es teniente de la policía estatal, le causó risa cuando le conté del accidente.
Ahora sabes por experiencia personal lo bueno que es tener todos los documentos a mano en caso de que tengas que presentarlos de repente.
Al relatarle la experiencia a mi esposo aquella noche, pensé en lo extraordinariamente confiable que es mi Padre celestial. Todo lo ve. No habrá choques, accidentales o no, causados por él. Ni yo necesito un teléfono para contactarlo. Siempre está conmigo. Y tengo su seguro. Él sabe quién soy e inmediatamente envía un montón de ángeles guardianes cuando los necesito. Todo lo que debo hacer es confiar en él.
Gracias por mantenerme a salvo, Padre celestial. Mi mente tranquila reposa en ti.
MARJORIE HALL
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