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JUGAR CON EL PECADO
Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Santiago 4:7.
”¡Increíble!” , pensé cuando abrí la revista Time del 21 de enero del 2002, y leí el artículo de Christine Gorman titulado De Gallinas y Antibióticos. ¡Me alegro de ser vegetariana!
E artículo empieza diciendo: ”Unas cuantas aves de un criadero de gallinas han empezado a toser. Una infección respiratoria, si eso es lo que tienen, podría infectar a las otras 20.000 aves que hay en el gallinero, en cuestión de días. El veterinario recomienda el antibiótico enrofloxacina, la versión de Cipro para animales. Como no es práctico tratar a las aves en forma individual, el granjero coloca casi veinte litros del antibiótico en el agua de las gallinas. Cinco días más tarde las aves están bien. Se ha evitado un desastre.
”¿O no? Si bien la enrofloxacina mata el tipo de bacteria que enfermó a las gallinas, no elimina del todo a una cepa, llamada Campylobacter, que vive en el intestino. Los gérmenes que sobreviven, los cuales no causan enfermedad en las aves, rápidamente se multiplican y esparcen los genes que les ayudaron a resistir el antibiótico. Seis semanas más tarde, cuando las aves son descuartizadas en el matadero, la bacteria resistente se desparrama por todos lados. Aun con los mejores controles sanitarios, hay bacterias Campylobacter que se envuelven junto con los muslos, la pechuga y otras partes que llegan al mostrador de su cocina” .
El artículo continúa señalando cómo el Campylobacter es una de las principales causas de intoxicación si no se lavan apropiadamente las manos o si se come carne que no está bien cocinada. Y debido a que el Cipro para gallinas está tan relacionado con el Cipro para seres humanos, cualquier germen que sobrevive al antibiótico de las aves tampoco se exterminará con el antibiótico para los seres humanos. ¡Estamos quemando nuestros puentes farmacológicos! Cuanto más antibióticos se usen, tanto más resistentes se hacen los gérmenes a las drogas y menos efectivos son los antibióticos en enfermedades tales como la neumonía, la tuberculosis o el ántrax.
El dilema de los antibióticos es muy parecido al problema del pecado. Cuantos más antibióticos usamos, más resistentes se hacen los gérmenes. Cuando más jugamos con las cosas del mundo que comprometen nuestra salud (espiritual y física) menos sensibles seremos al peligro. Parece bueno, se ve bueno, y comenzamos a pensar que es bueno; ya sean drogas que se venden libremente, pornografía, comer en exceso, o el chisme. ¿Mi consejo? No juguemos con el pecado. Atrofia la conciencia y nos hace resistentes al Espíritu Santo. Las buenas nuevas son que esta condición, al contrario de la resistencia a los antibióticos, puede cambiar por completo con Jesús.
La Biblia promete que si usted se somete a Dios y resiste al diablo, él huirá lejos de usted. ¿Por qué no le pide a Jesús, ahora mismo, que le dé la fuerza necesaria para resistir los hábitos dañinos?
KAY KUZMA
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